Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

Crónicas Independientes
¿Cómo se sobrevive fuera de casa? Cuatro chicas perdidas en Bilbao.

22/10/2007 GMT 1

De Romo a Txindoki

cronicasindependientes @ 22:23

Piso 1

Todabía seguimos sin tener claro cómo surgió la idea, pero lo cierto es que Lorea, Neus y yo acabamos subiendo el Txindoki el domingo.
Para todos aquellos ignorantes que a día de hoy aún no sepan de qué monte estoy hablando, Txindoki -antiguamente llamado Ñañarri- es uno de picos de la Sierra de Aralar, situada en el Goierri (la Guipuzcoa profunda). Aunque su altura no sea destacable (puesto que no llega a alcanzar los 850m), es una de las cumbres más aclamadas y reconocidads del País Vasco.
El paseito empezó con un desnivel considerable, por lo que a los 10 minutos ya comenzó a aflorar ese yo que tanto había tratado de ocultar durante la convivencia. "Joder, me canso.", "me duelen los pies", "¿cuánto queda?", "tengo sed", "me ahogo"... Lorea de vez en cuando se daba la vuelta y hacía alarde de su hasta entonces desconocida paciencia mostrándose comprensiva, pero Neus tiraba hacia arriba cual cabra montañesca. Según ella la razón de alargar la distancia de las paradas y de marcar la marcha con un ritmo tan enérgico era que, de lo contrario, íbamos a acabar rajándonos a mitad de camino. Mi opinión personal: aquello fue la venganza por no haber limpiado en toda la semana.
Total, que si los comienzos fueron duros, ni qué decir hay de lo que nos vino encima después. A medida que íbamos ascendiendo, mi vista iba nublándose más. A punto del desfallecimiento, de vez en cuando conseguía divisar a una Lorea roja rojísima que había perdido el habla y que ya no se giraba para comprobar que aún seguía con vida. Y a lo lejos una voz distorsionada de palabras "amables" pero tono autoritario me animaba; era Neuseneger desde lo alto. "Venga, Ane; que ya queda poco" me soltó cerca de hacer cumbre. Y no fui capaz de controlarme más. Rodeada de un montón de montañeros que bajaban y/o nos adelantaban comenzó mi casqueta. "Joder Neus, ¡me has empezado a decir que queda poco a los 20 minutos de empezar! Ostia, yo me quedo aquí", chillé como una loca mientras me sentaba en una piedra con gesto de enfadada y presumiendo de mis cinco añitos de edad. Me giré dirigiéndome a otro montañero parado bebiendo agua: "¡¿cuánto queda?! ¡Pero de verdad!", le pregunté malhumorada. Todos los allí presentes se reían de mi desesperación y, muy agradablemente, me animaron convenciéndome de que no iban a ser más de diez minutos. Emprendí de nuevo la marcha y, con el cabreo, llegué sin darme cuenta.
"El paisaje es impresionante", comentó Neus; "sí, como mi dolor de pies, zorra", contesté mentalmente mientras asentía sonriente con la cabeza. Pero lo cierto es que tenía razón. Eso y, la satisfacción de saber que una pijita de ciudad como yo había llegado hasta allí, hizo que la bajada la hiciera dando saltitos y canturreando.
Ser independiente hace que comiences a valorar otras cosas y a descubrir experiencias diferentes como las de que se puede disfrutar de un domingo sin resaca o la de que el monte también es un lugar donde hay triple "M": Mucho Muchacho Macizo.
Creo que repetiré.

Txindoki

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis