Vértigo
Piso 1, Romo
El lunes, cuando por fin nos reunimos todas en el piso, Lore nos contó que había pasado el fin de semana en Teruel haciéndo escalada con su nuevo amig-chic y sus amigos. Nos habló del increíble buen rollo que se respiraba en el ambiente y de lo gratificante que le había resultado la experiencia. Pero lo que relataba con extasiante incredulidad era las proezas de las que había sido capaz: suspenderse en el aire a 7 metros de altura sin más sujeción que la de sus propias extremidades. Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque sufre de vértigo.
Una se pregunta, cómo alguien tan valiente como ella puede sentir tanto pavor a una altura tan poco pronunciada. "Tengo miedo de caer..."
¿Y quién no? A partir de ese comentario, comencé a fijarme en todas nosotras. Neus está nerviosa porque teme que llegue el año que viene y con él la vida laboral para la que cree no estar capacitada. Oihana se sienta en la ventana pavorosa por no saber cómo afrontar este curso que cree venírsele grande y no poder con él. Y yo tengo miedo de volver a enamorarme de alguien y no ser capaz de soportar otro desengaño en el que tener que reconstruir mi corazón por enésima vez.
Nosotras también tenemos vértigo. Nosotras también tememos caer. Caer de esa nube de algodón en la que hasta ahora nos han estado meciendo en casa. Caer de las alturas y partirnos en mil pedazos...
Pero Loré trepó. Acojonada, sí; pero llegó hasta la cima de la pared. Segura de sí misma, lo volvió a intentar. Esta vez no consiguió hacer cima, pero debajo tenía un montón de amigos tranquilizándola y diciéndole que no pasaba nada. Se tiró al vacío, donde éstos la esperaban con una colchoneta. Ellos amortiguaron su caída. No le dolió; no fue más que un susto del que pronto se recuperó para volver a intentárlo de nuevo.
Joder, menuda lección de vida. Sin quererlo, nos ha enseñado a darnos cuenta de que por muy solos que nos sintamos ahí arriba, abajo siempre hay alguien esperando (aunque en este caso no fueran amigos de más de 24 horas). Quizá sea ese el motivo por el que tememos subir: no tenemos la seguridad de que haya nadie abajo apoyándonos. Pero lo hay; y en nuestro caso, como poco, somos tres expectantes de lo que haga la cuarta.
Así que, niñas, a trepar.

Meneame
del.icio.us