Nada que demostrar
Piso 1, Romo
Es lunes y, a pesar de estar de cuerpo presente, mi mente está en Orsay (con los Lunnis, Calimero...), donde lleva desde hace algo menos de un mes. Ya no vivo ni en Bilbo ni en Donosti; estoy todo el puto día en babia. Me he vuelto una miraflores, una desojamargaritas que lo único que hace es escuchar música, bailar y cocinar. Oigo el ascensor, el perro de al lado, la batidora, la cisterna... miro por la ventana y le doy a repeat del ipod para volver a escuchar las canciones que me recuerdan a él. Cada dos minutos: recuperación; vuelvo al planeta para ver que no puedo tocar sus manos y me vuelvo al ir. Vuelvo a ser la primavera en un rincón contemplando un otoño mojado. No dejo de darle vueltas a las cosas que me dice y, en ocasiones, el más inocente comentario me trastoca. En este caso, la susodicha frase la dijo el viernes. Estábamos todo pedos y sin saber a santo de qué me suelta: "Ane, no tienes nada que demostrar." Ah, ¿no?
Pues alguien debería decirle a ese pedazo de gilipollas que desde que le conozco no he hecho más que intentar demostrar que estoy hecha para él. Antes de empezar a quedar, por ejemplo, intentaba provarle que era buena camarera sirviéndole lo mejor posible. No dejaba de sonreirle para que pensara que era muy simpática, pero trataba de no hacerle mucho caso para que no pensara que era una chica fácil. Los mensajes eran cortitos y jamás terminaban con "besitos" o algo parecido, para demostrarle que tampoco estaba especialmente interesada. Eso sí, cuando comenzamos a quedar me makeaba a muerte (como él dice), vistiéndome con mis mejores galas y maquillándome lo mejor posible. Pero aguenté como una campeona sin darle más de dos besos de despedida hasta la cuarta cita (y juro que fue difícil) donde, tampoco entonces, pasamos de un par arrumacos; para provarle que no era una cualquiera. Cuando venía a buscarme, apesar de estar reventada del curro o las clases, hacía ver que tenía ganas de juerga para que no pensara que soy una aburrida. Le cuento las notas que saco para que crea que soy buena estudianta y trato de disimular cuando me hieren las cosas que hace o dice, para que no crea que soy una niñata débil e insegura.
Yo tengo claro que es él lo que quiero; que es él a quien quiero. Y no voy a parar hasta provarle que yo, también, soy lo que busca. ¿Que no tengo nada que demostrar?

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