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Crónicas Independientes
¿Cómo se sobrevive fuera de casa? Cuatro chicas perdidas en Bilbao.

04/12/2007 GMT 1

Una de cal y... otra de anfeta

cronicasindependientes @ 18:40

Piso 2

Estando en el piso, recibo la llamada de un gran amigo al que hace tiempo que no veo. Las vidas han ido separando nuestros caminos, haciendo que gente con la que has compartido tantas y tantas vivencias quede a un lado. En mi caso, toda esa gente con la que disfrutaba de los fines de semana cuando no contaba con más de 15 añitos, ha desaparecido de mi vida. Sólo alguna llamada trimestral o el encuentro ocasional (siempre en alguna discoteca, eso sí) hace que tenga noticias suyas. Y lo malo es ver que siguen igual que siempre (o peor).
En el caso del colega, no sólo no ha dejado la fiesta, sino que además ha comenzado a pasar. Tiene un curro en el que cobra más que nunca, pero justifica el camelleo diciendo que necesita pasta. El coche de tunning, la gasolina, el seguro... y el consumo, ese gasto que siempre se le olvida comentar.
Cada vez que hablas con ellos, siempre sale el puto tema. Todo lo que te cuentan está relacionado con la puta droga; y lo peor de todo es ver cómo no sólo no les da vergüenza reconocerlo, sino que tampoco tienen intención alguna de dejarlo a corto plazo. Además, van añadiendo gente a esos grupos (de más temprana edad, cada vez) y con premeditación dejan que vayan degradándose.
Aún recuerdo aquellos domingos, que tras dos noches de fiesta, lo único a lo que te dedicabas era a pensar lo jodido que era vivir. Corporalmente exhausto pero completamente atacado, tú y otros cuatro colgados os dedicabais a contar todas vuestras mierdas tratando de arreglar el mundo. Una de cal, y otra de anfeta. Ese era el gran fin de fiesta. Tras varios años de locura, te ves obligado a elegir entre la esquizofrenia permanente o a resurgir de entre las cenizas. Los despojos humanos que puedan quedar de ti tienen que luchar, en primer lugar, contra toda esa gente que te ha dado de lado. Ya no eres alguien con nombre y DNI, eres un puto colgao del que me han dicho... Por no hablar del tiempo que ha de pasar para enterrar el hacha de guerra en casa.
Pero el segundo punto, y el más complicado, es hacer frente a todos esos complejos y vacíos que han quedado en ti. Y mi colega se niega a hacerlo. Me da pena. Me gustaría ayudarle, pero sé que poco puedo hacer yo si no es él quien quiera ayudarse a sí mismo. Yo intento motivarlo, contándole lo bien que me va ahora. Que ya no estoy triste siempre. Que vivo con cuatro amigas en Bilbo, que me encanta lo que estoy estudiando en la uni y que me lo paso teta saliendo de bares el jueves o viendo una peli con mi chico los domingos.

-Si quieres este sábado podemos ir a tomar unas cañas y me pones al día.
-Joder, pues ya me apetece. Pero es el cumple del fulanito y hemos quedado para ir al Txitxarro. ¿Te vienes? ¡Que hace un montón que no estamos!
-Que va; quita, quita.
-Joder, pero la hacemos fijo. Ya te juro que te llamo la semana que viene O ASí y liamos alguna... ¿va?

-Sí, sí... ya estaremos.

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