Sobredosis
Piso 1, Romo
El pasado jueves Neusenger vió de cerca la muerte. La pudo oler, al igual que el resto de los habitantes de la casa... tuvo una sobredosis, pero de fibra.
Resulta que tras pasar el fin de semana con su "marqués", no pudo comer su alpiste diario y mucho menos visitar al señor roca. Como consecuencia, volvió a Bilbo llena llenísima (empacho que se le dice en vasco). Así que el lunes, la pobre muchacha se sentía fatal. Decidió ponerle fin a su malestar a base de Weetabix (comida de pajaros para humanos), kiwis y All-Bran Fibra Plus. El martes no consiguió efecto alguno, por lo que al día siguiente se metió dos boles de All-Bran y un par de kiwis entre pecho y espalda de desayuno. Y petó.
Salió a correr a mediodía. A la vuelta, además de sudada había adoptado postura de 90º grados, tenía la clara blanca y una expresión verdaderamente significativa del dolor que llevaba en sus adentros. Según contó, estaba haciendo footing en la playa cuando comenzó a dolerle la barriga. "Sentía que me estaba meando como raro". ¿Que qué? ¿Desde cuándo se puede confundir tener ganas de orinar con las de defecar? Pues es cierto. Por lo visto, la diarrea (más conocida como "pirrilera" por estos alrededores) es una afección que no se da en aquellos territorios donde no abunda la sidra, marisco (ostras, almejas, mejillones) o vida nocturna. Personalmente creo que lo que pasa con Neus es que tiene un estómago a prueba de bombas; ya que según narró posteriormente, no recordaba haber vivido un episodio parecido. Su relató continuó explicándonos cómo la marcha siguió hasta unos baños públicos. Ella seguía en sus trece: creía que lo que le ocurría era que tenía ganas de hacer pis. "Y meé. Joder, que si meé... ¡pero por el culo!". Tras su nueva experiencia, volvió tan pronto como pudo a casa y se apalancó en el sofá; lugar del que no se movió a excepción de para ir al baño.
Neusenger ya no era Neusenger, era un despojo humano metido en un pijama de Mafalda con una manta azul como capa y cara de muerta. Se había convertido en un fantasma solitario que vagaba por el pasillo, incapaz de mediar palabra si no era para articular algún gemido eventual.
Pero ya está: ya se ha puesto buena. Se lleva a casa una nueva vivencia (tipycal vasc) y un par de kilos menos. Eso sí, sigue pidiéndonos que si subimos al Artea le compremos alpiste.
Hay cosas que nunca cambian.

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