Redescubriendo mis raíces
Piso 1, Romo
Este domingo, debido a que no tenía resaca-caraja que me retuviera en casa, lo dediqué a actividades inusuales. Tras toda una mañana haciendo trabajos atrasados, me fui con mi chato a San Miguel de Aralar, aprovechando que había nevado.
Sólo el llegar ya fue toda una aventura, puesto que tuve la genial idea de pedirle que me dejara conducir. Perdidos por caminos de cabras cercanos a Lekunberri (que con sólo oir el nombre ya queda claro la clase de pueblo que es), pasamos por un pueblo llamado "Allí" (sí, porque está a tomar por culo) y otro denominado como "Iribar" [(h)iri (ciudad en euskera)+ bar (del de toda la vida)= ciudad formada únicamente por una taberna]. Finalmente, y tras un rally por una vía hiper-transitada de doble dirección sin carriles delimitados y mucho menos arcén, llegamos al parking del afamado lugar.
Pero al salir del vehículo olvidé de golpe la tensión vivida en el viajecito, puesto que quedé perpleja ante el helado paraje que ante mí se descubría. Los niños jugaban en sus trineos, mientras Iosu y yo nos preguntábamos por qué no habíamos traido uno propio. Mas no importaba, la belleza de los árboles nevados contajiaba la felicidad de los enanos derrapando por las cuestas. Un aire frío, de aroma forestal, impregnaba nuestros pulmones mientras jugábamos a echarnos pelotas de nieve. Olía a borque vasco. Olía a Euskadi. Olía a esos paseos infantiles en romerías a los que sólo asistía cuando me obligaban mis padres. Olía a Kilometroak, a Herri urrats, a Nafarroa oinez... olía a Euskal Herria, a sus montes, a su idioma y a su gente. Y como tal, sólo en Euskera podría describir lo que sentí:
Elurtutako mendi honen magalean
haritz, pago ta intxaurrondo usaia sumatzean,
baso bakartiaren iluntasunak izutu nauenean;
hainbat eta hainbat gatazken zergatia galdetzen hastean,
zura honen jabegoa ezezik, ezer gehio jokoan dagoela ulertzean,
isuritako odol tantek ezer gutxi lortu dutela konprenditzean
ta herri hau usteldurik dagoela pentsatzera iritsi naizenean,
gure arbasoen hazia gure itzala bihurtu dela ikusteak
gogora dakarkit zein den ikurrinaren jatorria
ta zergatik maite dudan, hau: nire aberria.

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